sábado, 14 de julio de 2012

De Cecebre a La Coruña y viceversa

Bicis y bicicleteros hacen un alto en el Ponte de Cela, que al menos por el nombre rememora al Nobel
Comenzamos esta aventura de seguir las huellas del vagabundo más famoso del mundo desde una bonita aldea coruñesa, Cecebre, que para mí tiene mucho encanto. No tengo la más minima idea de si Cela habrá pasado por estos parajes alguna vez en su vida (posiblemente) pero, nada más arrancar este recorrido Cecebre-La Coruña-Cecebre, hay un punto que se llama "Ponte de Cela". Coincidencia pura y dura, creo yo. Don Camilo, según cuenta en Del Miño al Bidasoa, entró en la ciudad donde se dice que nadie es forastero, "subido en lo más alto de un camión de bocoyes de vinagre" y acompañado de su primo "Benitiño do Chao" que no sé si es un primo de sangre o de fábula. Todo puede ser. El caso es que entraron en La Coruña por los Cantones y por la Marina y se dirigen "hacia la silenciosa y señorial calle de Tabernas". Allí, en el número 30, vivían unos tíos de don Camilo y de una servidora, tíos que, como dice el desaparecido Nobel, "eran muy amigos de hacer la caridad". La casa del tío Eduardo y la tía María es una preciosa edificación que mira a la extinguida playa del Parrote, donde ahora se ubica un gran hotel y el complejo deportivo de La Solana. Todo ello está enclavado en la popularmente conocida "Ciudad Vieja", sin duda uno de los rincones más bonitos de la ciudad que defendió con gran valentía la mentada heroína de la ciudad, María Pita.

El grupo ciclista de ahora, es decir, Josito, Teresa, Chus y yo, entró en La Coruña tras un precioso recorrido a la vera del río Mero, acompañados de pegas, urracas, mariposas y ese delicioso sonido del agua al deslizarse por algún que otro caneiro que aparece en el curso del río. Finalizamos el paseo fluvial deteniéndonos en una taberna bien situada en el Burgo, frente al puente romano, en la que disfrutamos de un delicioso Mencía y unas raciones de lengua y mejillones. A buen seguro no hubiera llegado ni para empezar si el ilustre vagabundo formara parte de este equipo, pero lamentablemente no puede ser así.

Continuamos viaje atravesando el puente y cogiendo un carril bici que sigue todo a lo largo de la ría hasta el Puente del Pasaje, punto en el que ya no nos queda más remedio que unirnos al alocado tráfico rodado y continuar por la carretera hasta La Coruña. Al igual que Cela, entramos en La Coruña por La Marina, nos deleitamos ante el maravilloso panorama de La Dársena y continuamos por la calle del Parrote hacia Tabernas, para detenernos a fotografiar la preciosa casa donde viven los primos que compartimos el Nobel y una servidora. La casa está mirando al mar, donde antaño se encontraba la playa del Parrote y hoy hay un gran hotel y un complejo deportivo con unas piscinas, donde yo de niña me bañaba. Cela se bañaba en la playa con mis primos y de vez en cuando gustaba de darse una vuelta en piragua.

En la casa de a cale Tabernas
Paseamos por la calle Tabernas, visitamos la iglesia de Santiago (donde se casan las chicas bien de La Coruña) y nos vamos hacia la plaza de Maria Pita, no sin antes detenernos en la heladeria Italiana y degustar uno de esos deliciosos helados que solo se pueden encontrar en mi ciudad. Siguiendo los pasos de Cela nos vamos a la calle de los Olmos con la ilusión de que sigan existiendo aquellos bares (O Crego, O Salto do Can, o Ribadavia), en los que mi relativo pariente gustaba de ponerse como el quico de pimientos de Herbón y nécoras. Pero ya no existen. Al igual que Cela están vivos en el recuerdo y en su valiosa literatura.

Regresamos por el mismo camino a Cecebre. En total hacemos en esta etapa 42 kilómetros. En Cecebre nos espera nuestro amigo Jorge, que nos da cobijo en su preciosa casa. José y yo dormimos en tienda de campaña, pero antes nos damos una opípara cena en el jardin, una cena de las que hubieran hecho las delicias de Cela: sardinas a la parrilla, cachelos, mejillones al vapor, pimientos de Padrón, empanada, paletilla ibérica y ensalada. Hay que coger energías para mañana, que nos espera una dura etapa: Cecebre-Santiago, 60 kilómetros llenos de cuestas. Todo sea por el Nobel gallego.

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